Artículo Equipo Género y Salud. El feminismo ya no está de moda. Hablar de derechos sociales, de  violencia sexual, del techo de cristal… ya se ha pasado, ha quedado rancio. Ya no sale en Instagram ni las influencers lo mencionan. Pasó. Esto lo constatamos en la última manifestación del 25N, día internacional contra las violencias machistas. 

Había algo que inquietaba, resultaba más silenciosa, apagada, de una discreción incómoda bajo una lluvia fina… vamos, que había poca gente. Lejos quedaron las movilizaciones y multitudes de 2016 y 2017 tras el caso de la manada, del “Emakumeok planto, las mujeres paramos” del 8M de 2018 o de la performance del 25N de 2019 en la que mujeres de todo el mundo gritamos “El violador eres tú” de la creación del  colectivo feminista chileno Lastesis.  

El feminismo no es una moda ni ha pretendido serlo, es un movimiento político, social, económico, filosófico y cultural. Defiende derechos humanos. Las modas son superficiales, embisten como un tsunami estético sin profundizar en contenidos y un día despiertas y ves que ya no están o lo que queda de ellas resulta sobado y rancio. Sin embargo, las modas son útiles para hacer visible lo que de otra manera permanecería en la sombra. Ahí queda el dato de cómo aumentó el cómputo de denuncias por violencia de género tras las declaraciones de Rocío Carrasco en un programa de la televisión en primetime. Gracias a ese programa, muchas mujeres desde sus casas se vieron reflejadas y validadas, entendieron que lo que les estaba ocurriendo no era legítimo y acudieron al sistema judicial a denunciar con la intención de dar fin al infierno que estaban pasando. Las modas llegan a lugares donde los discursos, panfletos y campañas muchas veces no llegan. 

No podemos negar que en estos últimos diez años ha habido cambios en la sociedad, en las leyes, en los discursos, los referentes de mujeres en ciencia, artes, política… apertura de puertas en cuanto a identidades y orientaciones sexuales, denuncias públicas y cancelaciones, el  “me too”, el consentimiento sexual “solo sí es sí”, conocimiento sobre la sumisión química, etc… Sin embargo, en Osakidetza continuamos siendo cómplices del silencio del sufrimiento y las diversas violencias que padecen las mujeres a las que atendemos. Según los datos publicados en diciembre de 2025 por la Dirección de Asistencia Sanitaria y General de Osakidetza, en un estudio de análisis de casos de violencia de género con resultado de muerte en Bizkaia de datos de 2010 a 2022, pone en evidencia la escasez de registros de casos de violencia de género en las historias clínicas, la falta de codificación de datos socio-familiares, señala los registros de urgencias de “traumatismos por otros motivos” que podrían enmascarar casos de violencia de género oculta, y hacen referencia a la necesidad de un trabajo en red con enfoque biopsicosocial e interseccional como vía eficaz de lucha contra la violencia de género. 

Ante tales resultados, me pregunto, si en los años en los que ha habido mayor “concienciación social” sobre los derechos sociales y violencias machistas encontramos dichos registros “nulos” en las historias e intervenciones en Osakidetza, ¿Qué ocurrirá de ahora en adelante en el que el discurso feminista se encuentra “desgastado” en el mainstream y es evidente la contraoleada machista y fascista que se está produciendo en la sociedad?, ¿Cómo nos hemos formado lxs profesionales de Osakidetza en conceptos de género y violencia y cómo nos vamos a formar de aquí en adelante?, ¿Cómo nos coordinamos los diferentes grupos de trabajo y comisiones para que exista semejante salto de los planes y programas institucionales a la práctica en el terreno?… 

La moda del feminismo quizá haya pasado pero la de la violencia de género se mantiene*. Somos profesionales de la salud y debemos intervenir en prevención, detección, tratamiento y reparación de daños. A día de hoy algunas víctimas hablan más, tienen más voz, ejemplos como Gisèle Pelicot que publica sus memorias esta semana o mujeres que encuentran en la narrativa literaria una herramienta reparadora. No podemos dejarlas solas con su voz, y mucho menos a aquellas que no la tienen, aquellas que no pueden expresar lo que están padeciendo y su lenguaje es el del dolor, la ansiedad, la fatiga o el cansancio. No podemos permanecer sordxs y ciegxs a dichas narrativas corporales, y mucho menos mudxs entre nosotrxs, sin coordinarnos en un aspecto primordial y urgente de salud como es el de seguir vivas.  

*(En lo que va de año 2026, 9 mujeres y una menor han sido asesinadas por sus parejas o exparejas /progenitor, siendo 1352 mujeres asesinadas desde 2003, 66 menores desde 2013 y 87 mujeres asesinadas por feminicidio fuera del ámbito de pareja o ex desde 2022, según datos del Ministerio de Igualdad. Mientras realizábamos este artículo hemos tenido que actualizar los datos en varias ocasiones por los asesinatos acontecidos en Castellón y en Madrid).  

Equipo Género y Salud

Noticia anteriorLa sesión Berripill analiza el impacto de las tecnologías cuánticas en la salud con Javier Aizpurua
Noticia siguienteSe cumplen 30 años del primer trasplante hepático realizado en Osakidetza