Artículo equipo Género y Salud. Julio de 2026. Se cumplen diez años del caso de la “manada”. No estamos igual y hay que reconocerlo. 10 años de la violación grupal cometida en las fiestas de San Fermín de Pamplona por un grupo de cinco hombres (Antonio Manuel Guerrero Escudero, Jesús Escudero, José Ángel Prenda, Alfonso Jesús Cabezuela y Ángel Boza) haciéndose llamar “la manada”.
Ocurrió en la madrugada del 7 de julio de 2016, cuando una joven de 18 años fue agredida sexualmente de manera brutal por esos cinco sujetos en un portal del centro de Pamplona. Parte de los hechos fue documentada por los propios agresores con grabaciones con sus móviles. El caso tuvo una marcada repercusión pública, no solo por la gravedad de los hechos sino por todo lo que supuso el proceso judicial, el papel de la víctima y la revictimización durante el mismo, el lugar en el que quedaba el consentimiento, los prejuicios de una sociedad heteropatriarcal y por la marcada movilización social que provocó.
En 2018, la primera sentencia judicial determinó el delito como abuso al considerar que había falta de violencia o intimidación suficiente para apreciar agresión sexual. Dicha sentencia provocó una reacción inmediata en la sociedad y salimos a las calles indignadas con el grito “no es abuso, es violación”. Fue un momento en el que la sociedad pudo ver casi en directo lo que el feminismo llevaba años denunciando: cómo era un proceso judicial por violencia sexual, qué calvario tenían que pasar las mujeres que denunciaban, cómo se ponía el foco en la víctima siendo cuestionada (frases del magistrado señalando percibir en los vídeos “ambiente de jolgorio o regocijo”) y perseguida, los intentos de revelar su identidad, la culpabilización que le atribuían las defensas con seguimiento de detectives incluido,… Nos indignamos mucho más, era increíble, ocupamos las calles gritando al unísono “hermana, yo sí te creo”. Dicha movilización junto con la perseverancia de la superviviente en mantener su denuncia y no echarse atrás ante la presión durante todo el proceso hizo que en 2019 el Tribunal Supremo revocara la condena por abuso y condenó a los acusados por delito continuado de violación considerando que la situación numérica, el aislamiento de la víctima y el contexto en el que tuvo lugar la agresión generaban una intimidación suficiente para anular cualquier posibilidad de consentimiento libre.
Esto marcó un hito no solo en el plano jurídico sino también en el plano social y cultural. Los conceptos como consentimiento, intimidación ambiental, violencia sexual o revictimización pasaron a ser nombrados y a ser debatidos a nivel público. Se empieza a conocer y difundir lo que le ocurre psicológicamente a una persona víctima de agresión, el shock, la parálisis y falta de reacción, se nombra la disociación, la afectación mnésica… el movimiento feminista reclama el derecho a poder volver a casa “sola, borracha y segura”. Dos años después de la “manada” la primera huelga feminista marca un antes y un después en cuanto a movilización y reivindicaciones. En 2022 se aprueba la Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual, la “Ley solo sí es sí” en la que el consentimiento pasa a ser el centro de la definición penal de los delitos sexuales y con ella las comunidades son obligadas a disponer de centros de crisis y atención.
Han pasado 10 años y no estamos igual.
Análisis del caso de la “manada” señalan la relevancia que tuvo la rápida respuesta social e institucional gracias a un trabajo previo realizado por el movimiento feminista en Pamplona junto a la administración (nunca olvidaremos que 8 años antes, en la misma ciudad y en las mismas fiestas, José Diego Yllanes violó y asesinó a Nagore Laffage) con protocolos establecidos en cuanto a coordinación de los puntos morados, policía, servicios sanitarios, trabajo social,… la formación en violencia y una fuerte conciencia social. En nuestro territorio, según datos aportados por Osakidetza donde contamos con protocolo y guía de actuación publicada en 2024, en ese año 2024 se atendió un total de 374 víctimas de agresión sexual, cuatro de cada diez, menores. Entre enero y septiembre de 2025 el Servicio Vasco de Salud asistió a 299 mujeres víctimas de agresión sexual.
El caso de la “manada” ayudó a que muchas mujeres hablaran de las agresiones sexuales que habían sufrido y que hasta entonces habían callado. Lo que hasta entonces había permanecido en silencio por vergüenza (y culpa) empieza a ser nombrado. La vergüenza se va reduciendo siendo esta una conquista muy poderosa. Según datos del Ministerio de Interior las denuncias por delitos contra la libertad sexual pasaron de 9600 en 2015 a 21659 en 2025.
Han pasado 10 años y no estamos igual.
De ahí nuestra insistencia en la necesidad de formación en nuestro sistema sanitario en aspectos de género y violencia, para que, entre otras cosas, no la cometamos en nuestras consultas, cuando estamos en urgencias, o de marcha con las amigas, porque la no credibilidad de las mujeres es el corazón de la cultura de la violación.
Han pasado 10 años y no estamos igual.
Y no vamos a permitir volver atrás. “Hermana, yo sí te creo, siempre”.



