Artículo equipo Género y Salud

Desaparecer completamente es lo que les ocurre a las mujeres asesinadas por la violencia machista. Hasta el día de hoy 35 mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas en este país. Se borran sus voces, sus risas, sus sueños y sus ilusiones. Y los hijos e hijas crecen con la ausencia y la sombra del miedo, con una herida inefable.

Los datos aportados por el Gobierno vasco hace una semana son apabullantes. El 57% de las mujeres residentes en Euskadi ha sufrido algún tipo de acoso sexual y/o reiterado dentro o fuera de la pareja alguna vez en la vida. Si se extrapola esta cifra a la población femenina de Euskadi, estamos hablando de 495.397 mujeres afectadas. Con estos números sobran las palabras.

En la novela “Cómo desaparecer completamente”, escrito por Mariana Enríquez la violencia atraviesa toda la casa, en las palabras y en los silencios. Ese hombre que abusa de su hijo menor y puede que a más y maltrata a la madre, no sólo golpea, destruye con su presencia. Arrasa los vínculos entre ellos, y queda la familia suspendida por el abandono. Y es otra forma de muerte.

Mariana Enríquez muestra la violencia que se filtra en la vida de Matías, un adolescente que sufre, marcado por la agresión desde niño de un hombre violento. Esa violencia no solo golpea los cuerpos. Silencia sus voces, desdibuja a quienes la padecen hasta hacerlas desaparecer emocionalmente, socialmente, vitalmente.

En la novela “El aniversario” de Andrea Bajani, premio Strega 2025 en Italia, la voz narrativa está situada también en el hijo, víctima como su madre, y a través de su mirada sobre su infancia y su vida pasada se reconstruye su historia.

Es una historia que tiene un componente colectivo, habla de millones de familias donde la violencia, la sumisión y la hegemonía masculina se mantienen silenciadas. Y es una novela crítica contra el sistema familiar patriarcal.

Y, sin embargo, deja casi siempre a la madre en un lugar sombrío, fragmentado o invisibilizado. La madre queda en un silencio donde no podemos entrever quién es esa mujer, más allá del sufrimiento. No muestra su lucha interna, los mecanismos de supervivencia que haya podido o no desarrollar. No llegamos a conocerla siquiera.

Y al romper el protagonista los lazos con toda la familia, mete a la madre en el mismo lugar que el agresor, sin piedad ni compasión. Parece una historia de liberación (para el protagonista) pero la madre vuelve a quedar silenciada, no sabemos si es por cobardía (que deja entrever) o por la erosión y devastación psíquica. Ahora es silenciada por la voz del narrador y sigue en esa casa encerrada con el agresor. Así en muchos textos no permitir “existir” a estas mujeres es una forma de maltrato narrativo. Incluso cuando la literatura denuncia la violencia ejercida por los hombres contra las mujeres puede de alguna manera replicar ese marco de poder.

El día 25 de noviembre, recordamos a todas esas mujeres, a las que mataron y a quienes se han quedado viviendo con vidas marcadas por la violencia machista. El morado es la huella de su dignidad, la memoria que insiste, la promesa de no permitir que ninguna otra mujer vuelva a ser borrada. Se celebra anualmente para denunciar la violencia ejercida contra las mujeres en todo el mundo y reclamar políticas para su erradicación.

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