Como cada año, este 14 de marzo se ha celebrado el Día Mundial de la Endometriosis con el objetivo de dar visibilidad a este trastorno que afecta a un porcentaje importante de mujeres en el mundo y que altera la calidad de vida de las mismas.

PERO… ¿QUÉ ES EXACTAMENTE LA ENDOMETRIOSIS?

La endometriosis es una enfermedad crónica que afecta exclusivamente a las mujeres y es que, como su nombre indica, hace referencia al endometrio (revestimiento uterino) que es capaz de implantarse y crecer fuera de su lugar habitual (principalmente órganos de la cavidad pélvica, aunque puede asentarse en cualquier parte del cuerpo) siendo dependiente del ciclo menstrual, engrosándose, descomponiéndose y sangrando con cada ciclo. Sin embargo, debido a que este tejido no tiene forma de salir del cuerpo, queda atrapado, pudiendo formar quistes o desarrollando tejido cicatricial y adherencias en los tejidos dentro de la pelvis y otras partes del cuerpo.

El principal síntoma de esta enfermedad es el DOLOR PÉLVICO intenso durante la menstruación, las relaciones sexuales o incluso al defecar o al orinar, lo que afecta en gran medida a la calidad de vida de las mujeres, pudiendo llegar con el tiempo a provocar dolor pélvico crónico, distensión abdominal, náuseas, fatiga y, en ocasiones, depresión y ansiedad.

Por otro lado, la principal complicación de la endometriosis es el deterioro de la fertilidad, ya que hasta la mitad de las mujeres afectadas tienen dificultad para conseguir un embarazo (obstrucciones de las trompas, problemas de implantación, destrucción del tejido ovárico…).

Nos enfrentamos a una enfermedad recurrente y progresiva sin causa conocida clara y sin un tratamiento específico.

¿QUÉ OPCIONES TENEMOS?

Dada la dificultad del diagnóstico y la complejidad del tratamiento, los protocolos de actuación son esenciales para el manejo de la enfermedad y desde el Sistema Nacional de Salud se cuenta con la “Guía de atención a las mujeres con endometriosis” de 2013, en la que recomiendan la elaboración de planes de cuidados para mejorar la calidad de la atención prestada basados en la última evidencia disponible, dividiendo las actuaciones en tres etapas:

1. Afrontamiento de la enfermedad y los conocimientos sobre ella mediante educación para la salud, acompañamiento y asesoramiento.
2. Régimen terapéutico y autogestión de la salud, siendo imprescindible la especialización del personal que atiende y el trabajo multidisciplinar
3. Intervención en los diagnósticos específicos identificados

HABLANDO DE GÉNERO Y SALUD…

La endometriosis afecta aproximadamente al 10% de las mujeres y niñas en edad reproductiva en todo el mundo (unos 190 millones), sin embargo, su diagnóstico no es fácil y muchas mujeres que la padecen apenas tienen información sobre la misma, lo que hace que transcurra mucho tiempo entre los primeros síntomas y el diagnóstico.

La endometriosis tiene un impacto en la salud sexual y reproductiva de las mujeres, la calidad de vida y su bienestar general por lo que no podemos normalizar y estigmatizar los síntomas que nos describen.

Está muy extendida la creencia de que la menstruación duele y el hecho de que nos cueste distinguir entre la normalidad y la patología es la poca investigación científica sobre fisiología y salud menstrual de las mujeres en comparación con otros procesos fisiológicos. Como sabemos, durante mucho tiempo se han extrapolado a las hembras los datos científicos al estudiar individuos machos, hecho que la comunidad científica ya ha comenzado a admitir como erróneo.

Este sesgo de género ha dado lugar a lagunas de investigación sobre cómo diagnosticar y tratar correctamente a las mujeres, incluyendo esto que nos ocupa, la endometriosis.

Ha llegado el momento de visibilizar tanto la regla como algunas enfermedades agudas o crónicas que pueden producir alteraciones menstruales influyendo en nuestra calidad de vida y que las mujeres nos sintamos con el poder de exigir un diagnóstico y un manejo correcto de nuestras afecciones.

Artículo Equipo Género y Salud