Pablo Picasso (1881–1973) trabajó la escultura prácticamente desde los inicios de su dilatada trayectoria. Para el artista malagueño, no se trataba de un medio de un rango menor, sino de una forma de expresión equiparable a la pintura, el dibujo o el grabado. En su práctica, no existían artes mayores y menores, sino diferentes lenguajes y materiales que le permitían transmitir aspectos diversos de su creación


























