
Aunque la función renal obtenida está próxima a la normal, la mayoría de las veces queda un pequeño grado de insuficiencia renal en el riñón trasplantado. Ello, unido a la tendencia natural del organismo a rechazar el órgano y a efectos secundarios del propio tratamiento anti-rechazo, puede llevar a la pérdida del trasplante tras un número variable de años. Cuando un riñón trasplantado pierde su función, el paciente necesitará diálisis, a la espera de un nuevo trasplante.