El tratamiento de la dermatitis atópica combina los cuidados diarios de la piel con tratamientos específicos durante los brotes. No existe una cura definitiva, pero sí hay tratamientos eficaces, que dependen del grado de severidad de la enfermedad.

Uno de los tratamientos fundamentales es evitar los factores que pueden desencadenar o empeorar los brotes. Entre ellos se incluyen la sudoración, el uso de jabones agresivos que puedan resecar o irritar la piel, la ropa fabricada con materiales irritantes, la exposición a alérgenos, y el estrés.

Los tratamientos son complementarios y se combinan en muchas ocasiones; algunos de ellos pueden requerir controles analíticos periódicos.

Los emolientes o hidratantes son productos que favorecen la retención de agua en la piel y ayudan a mantenerla hidratada. Las cremas hidratantes se deben utilizar únicamente cuando la barrera cutánea está íntegra, para mantenerla en buenas condiciones. No se deben emplear si hay lesiones, ya que aumentan la irritación de la piel. Es por ello que, para mantener la hidratación de la piel sin utilizar cremas hidratantes, se deben emplear para la higiene diaria de la piel aceites de ducha lavantes.

Los medicamentos, como los corticoides tópicos o los inmunomoduladores, se utilizan durante los brotes para controlar la inflamación, el picor y las lesiones.

En muchas ocasiones, se administran antihistamínicos orales, ya que ayudan a controlar el picor y evitar el rascado. Son fármacos muy seguros y se pueden emplear durante largos periodos de tiempo.

En el caso de brotes moderados a graves, se puede realizar tratamiento de fototerapia (rayos UV controlados en el hospital) y tratamientos sistémicos orales o inyectables (medicamentos que actúan en todo el organismo). Además, se pueden utilizar moduladores del sistema inmune, clásicos, como el corticoide, la ciclosporina o el metotrexato a dosis bajas y tratamientos biológicos o de molécula pequeña. Estos últimos son de dispensación, seguimiento y control hospitalario.

El seguimiento se adapta a cada persona, pero en general, los casos leves cuentan con consultas espaciadas en el tiempo entre 6 y 12 meses, y los casos moderados o graves pueden requerir visitas más frecuentes para ajustar el tratamiento. Además, en algunos tratamientos sistémicos se requieren análisis de sangre periódicos para controlar posibles efectos secundarios.

Cómo aplicar correctamente los fármacos tópicos

Conocer cómo y cuándo aplicar cada tratamiento es clave para controlar eficazmente la dermatitis atópica. Las cremas hidratantes deben aplicarse únicamente cuando la barrera cutánea se encuentra intacta, con el fin de conservarla en buen estado. No se recomienda su uso sobre lesiones activas, ya que podrían aumentar la irritación de la piel. Por este motivo, se debe mantener la hidratación mediante el uso de aceites de ducha lavantes durante la higiene diaria.

Para los fármacos tópicos (corticoides tópicos) se deben seguir las indicaciones del equipo sanitario.

En cuanto a la forma de aplicación, ambos deben extenderse sobre la piel limpia y ligeramente humedecida, idealmente después de la ducha. En el caso de los medicamentos, se recomienda una capa fina y uniforme sobre las zonas afectadas, utilizando la llamada “regla de la yema del dedo”: la cantidad de crema que cabe en la yema del dedo índice de un adulto equivale a la dosis necesaria para una superficie del tamaño de dos palmas de la mano.

Por qué es clave seguir el tratamiento, aunque la piel mejore

Cumplir correctamente con la pauta prescrita no solo permite controlar mejor los síntomas en el momento, sino que también ayuda a prevenir futuras complicaciones, recaídas o brotes más intensos. Es habitual que, cuando la piel empieza a mejorar, surja la tentación de suspender el tratamiento antes de completar la pauta indicada. Sin embargo, la inflamación puede persistir de forma invisible bajo la piel y reaparecer. Completar el tratamiento ayuda a controlar la inflamación de manera eficaz y reduce el riesgo de recaídas.

Además, mantener una rutina diaria con emolientes cuando la piel parece sana, prolonga los intervalos sin brotes y mejora la calidad de vida. Un uso adecuado y constante de los tratamientos evita la necesidad de recurrir a medicamentos más potentes y contribuye a mantener la dermatitis bajo control a largo plazo.