La psoriasis es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel que provoca la aparición de lesiones rojas y descamativas, principalmente en codos, rodillas, cuero cabelludo y espalda. No es contagiosa, pero sí puede resultar molesta y afectar significativamente a la calidad de vida de quien la padece.

El diagnóstico de la psoriasis suele realizarse mediante una exploración física por parte del personal médico especialista en dermatología. No se necesitan análisis específicos en la mayoría de los casos, aunque en situaciones dudosas se puede tomar una pequeña muestra de piel (biopsia) para confirmar el diagnóstico. También es importante valorar si la enfermedad afecta a las uñas o a las articulaciones.

Existen diferentes formas de psoriasis, siendo la más frecuente la psoriasis en placas (aquella que afecta en forma de lesiones rojizas y descamativas de manera dispersa por la superficie corporal). Además, la enfermedad puede clasificarse en grados según la extensión y el impacto que tiene en la vida diaria del paciente.

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Psoriasis en placas que afecta a codos
Psoriasis en zona lumbar 
Psoriasis en zona lumbar

La psoriasis evoluciona en forma de brotes. Hay momentos en los que las lesiones empeoran o aparecen nuevas zonas afectadas, seguidos de otros periodos en los que los síntomas mejoran o incluso desaparecen por completo. Aprender a identificar los factores que desencadenan los brotes puede ayudar mucho a su manejo.

En algunos casos, la psoriasis puede afectar también a las articulaciones, dando lugar a una condición conocida como artritis psoriásica. Esta se manifiesta con dolor, hinchazón, enrojecimiento y rigidez , especialmente en los dedos de las manos y los pies, muñecas, rodillas o la zona baja de la espalda. Si no se diagnostica y trata a tiempo, puede causar daños permanentes en las articulaciones. Por eso, es fundamental estar atento a estos síntomas y consultar con el personal médico si aparecen.Reconocer el tipo y la gravedad de la psoriasis es fundamental para decidir el mejor tratamiento y plan de seguimiento. Aunque no tiene cura definitiva, un diagnóstico temprano puede ayudar a controlar mejor sus síntomas.

¿Por qué tengo psoriasis?

La psoriasis es el resultado de una respuesta anormal del sistema inmunitario que acelera la renovación de las células de la piel. En lugar de renovarse cada 28 días, como en una piel sin patologías, las células de una persona con psoriasis se renuevan cada pocos días, lo que provoca acumulación de células en la superficie de la piel y la aparición de las lesiones características.

No se conoce una única causa. Se desarrolla por la combinación de varios factores que hacen que el sistema inmunológico funcione de forma anormal. Entre los más importantes están los genéticos, los inmunológicos y los ambientales.

Aunque la psoriasis no se hereda de forma directa como otras enfermedades, existe una predisposición genética. Si una de las personas progenitoras tiene psoriasis, el riesgo de que los hijos y hijas la padezcan aumenta, aunque no es seguro que llegue a manifestarse. Muchas personas con antecedentes familiares nunca desarrollan la enfermedad.

Psoriasis extensa en espalda 
Psoriasis extensa en espalda

En la psoriasis, el sistema inmunológico está sobreactivado. Un tipo de células de defensa, llamadas linfocitos T, comienzan a atacar células sanas de la piel, liberando sustancias que provocan inflamación crónica.

Como consecuencia, la renovación de la piel se acelera. Las células nuevas no tienen tiempo de desprenderse y se acumulan en la superficie, formando las placas engrosadas, enrojecidas y cubiertas de escamas que caracterizan la enfermedad.

Aunque la base de la psoriasis está en la genética y el sistema inmunológico, ciertos factores externos pueden desencadenar su aparición o empeorar los síntomas. Entre ellos:

  • Traumatismos en la piel: cortes, golpes, rozaduras o quemaduras pueden provocar nuevas lesiones en zonas previamente sanas. Este fenómeno se conoce como fenómeno de Koebner.
  • Infecciones: algunas infecciones, como la amigdalitis estreptocócica, suelen estar relacionadas con brotes de psoriasis, especialmente en niños y adolescentes. Otras infecciones virales, como el VIH, pueden agravar la enfermedad.
  • Estrés emocional: uno de los desencadenantes más comunes. El estrés no causa la psoriasis, pero puede intensificar los brotes, prolongarlos y dificultar la respuesta al tratamiento.
  • Medicamentos: ciertos fármacos, como algunos antihipertensivos, los antimaláricos y el litio (empleado en trastornos del ánimo) pueden desencadenar o agravar un brote de psoriasis. Además, el uso prolongado de corticoides por vía oral o su retirada brusca puede desencadenar brotes intensos, e incluso formas graves de la enfermedad.

La identificación de estos factores es clave, ya que muchas veces basta con evitarlos para prevenir brotes o reducir su intensidad.