Uno de los pilares más importantes para vivir bien con dermatitis atópica es el cuidado diario de la piel.
El objetivo principal es fortalecer la barrera cutánea, y evitar factores que la irriten.
- Hidratación constante (uso de emolientes)
- Baños suaves y cortos
- Otras medidas higiénicas
- Ropa adecuada
- Evita los desencadenantes
La piel atópica pierde agua con facilidad, por lo que necesita una hidratación frecuente. Las cremas hidratantes (emolientes) ayudan a restaurar la barrera cutánea y a prevenir la entrada de sustancias irritantes en la piel gracias a sus propiedades humectantes, que favorecen la hidratación de las capas superficiales, y oclusivas, que disminuyen su evaporación. Por eso, siempre que no haya lesiones, es fundamental aplicarla con frecuencia .
La aplicación debe ser suave, sin frotar, sobre la piel ligeramente húmeda, idealmente en los tres minutos posteriores a la ducha, y en cantidad suficiente, entre 35–70 gramos al día. Es importante elegir productos sin perfume, sin alcohol y sin ingredientes irritantes. No se deben emplear si hay lesiones, ya que aumentan la irritación de la piel. Es por ello que, para mantener la hidratación de la piel sin utilizar cremas hidratantes, se deben emplear para la higiene diaria de la piel aceites de ducha lavantes. Guardar el emoliente en la nevera proporciona un efecto calmante adicional, especialmente durante los brotes. El frio ayuda a aliviar la sensación de picor y ardor, tiene un leve efecto antiinflamatorio local y mejora la tolerancia al producto en pieles muy sensibles o dañadas.
El agua ayuda a eliminar costras y sustancias irritantes que pueden agravar la dermatitis, pero en exceso puede resecarla si no se controla cómo y durante cuánto tiempo está en contacto con ella.
Es preferible optar por duchas en lugar de baños. Lo ideal es ducharse a diario, de forma breve (entre 5 y 10 minutos) y con agua tibia, alrededor de 30 °C, nunca caliente. Utiliza limpiadores suaves, específicos para pieles atópicas o sensibles. Opta por productos sin detergentes (syndets), sin perfumes, hipoalergénicos y con pH neutro o ligeramente ácido. Evita los jabones comunes, que pueden ser demasiado agresivos. Una alternativa muy recomendable, es utilizar aceites de ducha lavantes en vez de otros jabones, ya que además de limpiar, hidratan la piel. No conviene usar esponjas ni estropajos, ya que irritan la piel. El secado debe hacerse con suavidad, usando una toalla de algodón y sin frotar, para no aumentar la irritación.
Mantener las uñas cortas y limpias es una medida sencilla pero muy eficaz, especialmente en niñas y niños. Las uñas largas aumentan el daño en la piel al rascarse, ya que favorecen la aparición de heridas, infecciones y un mayor enrojecimiento. Al llevarlas cortas, se reduce el riesgo de abrir la piel durante el rascado y se contribuye a romper el círculo del picor.
Por la noche, puede ser útil usar guantes suaves de algodón, sobre todo si el rascado es frecuente durante el sueño. Esta medida no elimina el picor, pero sí protege la piel y evita lesiones mientras se duerme.
La ropa también influye en el bienestar de la piel.
El sudor es un factor irritante para la piel del atópico, por lo que es importante evitar abrigarse en exceso, y retirar ropa siempre que sea posible. También conviene elegir preferentemente tejidos naturales y suaves, como el algodón, y evitar la lana y las fibras sintéticas, ya que pueden resultar irritantes y favorecer el picor o la sudoración. Procura que las prendas sean holgadas, retira las etiquetas y evita las costuras marcadas o la ropa ajustada, porque aumentan la irritación. Lava la ropa con detergentes suaves, aclarándola bien para eliminar los restos de jabón, y evitando el uso de suavizantes. Siempre que sea posible, utiliza productos hipoalergénicos y sin perfume. Respecto al calzado, opta por materiales transpirables y, cuando sea posible, abiertos. Limita el uso habitual de calzado deportivo, ya que favorece la sudoración y la irritación.
Cada persona puede tener factores diferentes que desencadenan o agravan su dermatitis. Algunos son comunes:
- El exceso de agua en la piel y la falta de hidratación posterior pueden empeorar la dermatitis. Ducharse con frecuencia o con agua muy caliente reseca la piel. Si después de la ducha no se aplica un emoliente (siempre que no haya lesiones), se favorece la pérdida de hidratación y se debilita aún más la barrera cutánea.
- La sequedad ambiental y las temperaturas extremas influyen en la enfermedad. El calor excesivo en casa puede desencadenar el proceso inflamatorio, por lo que se recomienda mantener la temperatura en torno a 20 °C. En invierno, es conveniente evitar calefacciones a altas temperaturas, ya que reducen la humedad del aire y favorecen la sudoración.
- El sudor, especialmente si permanece en la piel, puede aumentar la liberación de histamina, una sustancia relacionada con el picor. Por eso, se recomienda ducharse después de hacer ejercicio, usar ropa transpirable y evitar el exceso de mantas en la cama.
- El estrés y la ansiedad, que pueden intensificar el picor y desencadenar brotes.
- Los alérgenos en personas sensibilizadas, como el polvo, los ácaros o el pelo de animales, también actúan como desencadenantes. Es recomendable evitar el contacto con irritantes, como el humo del tabaco, las colonias, los jabones agresivos o cualquier producto químico que pueda irritar la piel. El uso de alfombras, moquetas, edredones de plumas y peluches favorece la acumulación de alérgenos, por lo que conviene reducirlos. Para minimizar su efecto, es útil mantener una buena limpieza del hogar con paños húmedos y ventilar las habitaciones diariamente.
- El sol, que en muchas personas puede mejorar la dermatitis, en otras la empeora. En todos los casos, la exposición debe ser moderada y siempre con fotoprotección.
Observar tu piel y anotar cuándo aparecen los brotes te ayudará a identificar los desencadenantes y tomar medidas para evitarlos.

