En este artículo se hará mención a la obra de tres mujeres que vivieron entre 1820 y 1935 que fueron revolucionarias tanto por sus planteamientos, defensas y acciones como por el hecho de ser mujeres promotoras y activas en esas épocas.

Una de ellas es Concepción Arenal (1820-1893) quien trata de despertar la conciencia de dignidad de las personas, pero a través de su escrito “La mujer del porvenir-1869” hace especial hincapié en la dignidad de la mujer. Propone la educación y el trabajo como medios para lograr la emancipación. Le educación como promotora del empoderamiento de las mujeres (cultivando sus facultades, fortificando y ennobleciendo su carácter) y el trabajo que en aquella época estaba completamente devaluado en las mujeres, impidiendolo tanto las leyes como la educación, que pudieran vivir de ello y valerse por sí mismas. Ayudó a impulsar el Ateneo de señoras cuyo objetivo era instruir y dar trabajo a las mujeres más desfavorecidas y educación intelectual completa a las más acomodadas. Toda una revolución en su tiempo.

La segunda mujer que se convirtió en una gran figura de la historia es Mary E. Richmond (1861-1928), obrera y trabajadora social con una vida cotidiana sentida, pensada y desde abajo que revolucionó las formas de ayuda. Fue una más de tantas mujeres que se dedicaron con sus manos al cuidado de los otros y una más, de esas mujeres eclipsadas durante gran parte de su recorrido, por el protagonismo masculino en materia intelectual.

Pero todas esas trabas encontradas por ser mujer, obrera y trabajadora social, no limitaron sus aspiraciones humanas y morales ya que su único objetivo vital era ponerse al servicio del saber-hacer popular de las trabajadoras sociales. Institucionalizó el trabajo social y así “Diagnóstico social”, su legado, fue el resultado de un trabajo muy largo a causa de la urgencia de la práctica, concienzuda, humilde y colectiva en las instituciones tradicionales de ayuda, manera de trabajar muy propia de las mujeres al servicio del saber común y las prácticas eficaces y respetuosas. Mary Richmond pone en práctica un trabajo social en femenino y en la base, donde el trabajo cercano y cotidiano es la manera más honesta de contribuir al cambio social.

La tercera mujer, es Jane Addams (1860-1935) trabajadora social feminista, socióloga y pacifista. Perteneció a varias asociaciones de derechos de las mujeres y desarrolló un modelo de intervención que tenía presente las situaciones en las que vivían las personas. Fue fundadora y administradora de la Hull House (centro social), ubicado en uno de los barrios más pobres y con población marginal e inmigrante de Chicago.

Instauró un centro neurálgico (que pasó de ser un piso a un conjunto de edificios) que proporcionaba espacio social entre otros, a asociaciones de mujeres y con diferentes servicios sociales: acogida a mujeres maltratadas y abandonadas, bajos alquileres, guarderías, cooperativas, comedores públicos, una biblioteca, grupos de estudio… Jane escribió artículos y libros, impartió conferencias donde narraba historias basadas en hechos reales del vecindario de la Hull House. Entre sus trabajos merece destacar, por su relevancia en la actualidad, aquel en el que describía las experiencias de las empleadas domésticas y los argumentos que tenían al plantear su traslado para trabajar en las fábricas. Addams comparaba las condiciones laborales del empleo doméstico con las de las fábricas en términos de horas, estabilidad en el empleo, salario y ventajas para la vida social y familiar. Apelaba también al deber de los organismos públicos de proporcionar centros de recreo, que ofrecieran la oportunidad para relaciones sociales variadas y humanas en la ciudad; poniendo en valor, la importancia del trabajo social comunitario desde sus propias experiencias. En 1931, tras la Primera Guerra Mundial recibió el premio Nobel de la Paz.

Mujeres pioneras en su tiempo que se dedicaron a la defensa y avance de las condiciones de las mujeres y, que hoy en día, siguen trabajándose y defendiéndose. Finalmente recoger en una frase lo que se desea trasladar con este artículo: “La importancia de las raíces, que nos ayudan a ver el nutriente y el camino recorrido, para poder orientar la dirección del futuro”.

Artículo equipo Género y Salud