Artículo Equipo Género y salud. Agosto permite una reflexión sobre procesos femeninos. El 8 de agosto es el día internacional del orgasmo femenino.

La sexualidad femenina es compleja, no por complicada, sino por abarcar absolutamente todas las áreas vitales de cada una de nosotras. Influye en nuestra sexualidad la educación social, el país que habitamos, mitos y tabúes, las experiencias previas que han construido nuestra forma de vernos, pensarnos y sentirnos, estado de salud, experiencias sexuales, eróticas, violencias sufridas. Todo esto y más, sopesará la balanza de la libertad sobre nuestro cuerpo, sentimientos, afectos y costumbres.

Pero lo que vengo a ofreceros, es otro tipo de información, y que cada cual reflexione, o por lo menos entretenga la curiosidad y ofrezca datos para la próxima conversación de terraza.

Os traigo unos ejemplos de la tradición histórica, de quienes han controlado el discurso sobre sexualidad femenina.

Roma, siglo IV a.C. La definición de la mujer ya nos dejaba en mal lugar. Se creía que hombres y mujeres eran el mismo cuerpo, y las diferencias sexuadas se explicaban diciendo que la mujer era un error que la naturaleza permitía para que la reproducción pudiese darse. La causa de que un bebé fuese femenino era porque el útero no alcanzaba el calor suficiente, vamos, el antepasado de “te falta un hervor” y según Galeno (129-216d.C.) una función del clítoris era alimentar ese calor. Una teoría sin fisuras, ¿no os parece?

Hipócrates (460-370 a.C.): el útero es el origen de todas las enfermedades.

Aristóteles (384 a.C.) estaba de acuerdo con el orgasmo femenino dentro de la idea de reproducción, pero advertía sobre los peligros del orgasmo por divertimento o en solitario.

Avicena (980-1037 d.C.) sostiene que el orgasmo femenino es necesario para la gestación.

Hildegard Von Bingen (1098-1179 d.C.) abadesa benedictina, describe un orgasmo femenino. Más cercano a percibir una epifanía, pero bastante acertado.

Isidoro de Sevilla (s.VI) y Miguel de Savonarola (s.XV) se aseguraron de anclarnos la virginidad al himen. Flaco favor nos hicieron éstos, y todavía hoy pagamos las consecuencias.

Hasta principios del s. XVII el clítoris no adquiere éste nombre. Gracias a Helkiah Crooke, o probablemente os suene más, por su aportación a la ginecología, Regnier de Graaf. Pero el que se sale del tiesto es otro gran conocido, Thomas Bartholin que, en éste neologismo del aparato crucial para el placer femenino, hace su propuesta por un nombre compuesto: desprecio de la humanidad en lugar de clítoris. Y advierte sobre los peligros del uso excesivo del mismo.

Richard Von Craft Ebing (s. XIX), psiquiatra alemán: los deseos sexuales de una mujer bien alimentada y con desarrollo mental normal son pequeños.  

De chascarrillos como éstos tenemos la historia llena, pero centrémonos en el orgasmo femenino. Paola Damonti en su “brecha orgásmica” lo deja claro. El acontecer por haber alcanzado niveles altos de excitación y estimulación sexual, que es el orgasmo, tiene diferencias sexuadas. Motivos: las mujeres carecemos de modelo propio para dar rienda suelta a nuestra sexualidad, carecemos de permisos para explorar nuestras pasiones y nuestros cuerpos, socialmente se fomenta el desconocimiento sobre nuestros procesos, en resumen: patriarcado.

Nos deja datos desalentadores. 1 de cada 5 mujeres jamás obtendrán un orgasmo durante relaciones sexuales coitales. A 3 de cada 4 el orgasmo les será esquivo en bastantes ocasiones. La satisfacción sexual de las mujeres es menor al de nuestros homólogos y parejas, los hombres que acceden más veces y con mayor facilidad a su orgasmo que las mujeres. ¿Por qué patriarcado? Porque éstos datos no se reflejan de igual modo en parejas homosexuales, ya sean hombres o mujeres.

Así que os animo a disfrutar y a visibilizar la sexualidad femenina, combatir tabúes y promover el derecho al placer y a la educación sexual.

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