El próximo mes tendrán lugar las Jornadas de Diversidad sexual y de Género organizadas por Médicus Mundi donde vendrán Alex y Dylan Duarte que es el primer hombre trans en dirigir la secretaría de Diversidad Sexual y de Género en Honduras. Una oportunidad para aprender y formarnos.

Hace apenas quince días volvimos de Honduras en un viaje con Medicus Mundi Bizkaia. Un viaje que ahora me parece tan lejos y tan cerca, las dos cosas a la vez, al mismo tiempo. Un viaje que fue la oportunidad de conocer a diferentes organizaciones locales y asociaciones y nos permitió la visita a centros de Salud y gobiernos locales con los que Medicus Mundi está trabajando desde hace años. En este viaje tuvimos la oportunidad de conocernos, dos profesoras, Natalia García Locay profesora de educación primaria en el Centro San Viator en Sopuerta, Irati Cuevas Palomares, educadora de adolescentes en Adsis Getxo-Leioa, Rosa Calvo, médica familiar y Comunitaria de Karrantza y yo desde el sector de Salud de Euskadi, y el equipo de Honduras de Medicos Mundi, Nelsy y Carlos junto con el responsable de Medicus Mundi Bizkaia, Ricar Fernández Quintana.

Si una busca la palabra Hondura en el diccionario aparece: Profundidad de una cosa, ya sea en las concavidades de la tierra, ya en las del mar, ríos, pozos…

Si buscas la expresión “Meterse en Honduras” aparece: Tratar de cosas profundas y dificultosas, sin tener bastante conocimiento… Así me he sentido cuando empezamos a conocer todos los proyectos que tenía dicha organización en este país centroamericano.

Medicus Mundi es una organización no gubernamental para el desarrollo plural qué apuesta por la participación activa de la ciudadanía en los procesos de desarrollo, y por actividades de asociaciones, de la gente, en generar cambios en la sociedad a través de la cultura, de la solidaridad, y que la salud sea un derecho al alcance de todas las personas.

En Honduras tuvimos la oportunidad de aprender y compartir espacios para la reflexión, de conocer proyectos con la organización feminista UDIMUF, que al tener personalidad jurídica tiene acceso a incidir y participar en la vida social y política y apoyar a la comunidad LGTBIQ+. También conocer otras organizaciones feministas como OPROUCE. Y conocer a asociaciones en Tegucigalpa como el colectivo Catrachas que lleva un observatorio de todos los asesinatos que se producen en el colectivo LGTBIQ+.

Es importante tener estrategias con otros actores como lo son la Educación y la Salud. En relación con el sector Salud, conocer el proyecto de Ciudad Mujer en la Ceiba, un centro integrador, donde se presta una atención global a las mujeres y menores que sufren violencia machista. Se proporciona asesoramiento legal, apoyo psicológico y una atención médica y psicólogica a su salud integral allí mismo, y se incluye la atención a menores, incluyendo toda la atención médica, obstétrica, con matronas, revisiones ginecológicas, atención pediátrica, apoyo de Salud Mental de las mujeres, todo esto en el mismo espacio para facilitar su atención adaptado a las usuarias y empoderarlas, `potenciando su talento en distintas actividades formativas que incluían una guardería y un huerto propio.

También conocimos proyectos y colaboraciones con la Universidad. Conocer y trabajar con Fernan Altamira Basterretxea coordinador y profesor en dicha Universidad que constituye algo primordial para mejorar el acceso a la Salud de la población LGTBIQ+ y que se unió a nuestro viaje al principio y en la recta final.

Trabajar en la Diversidad sexual y de Género es una necesidad no sólo en Honduras sino en nuestra sociedad. Conocer que quieren, que necesitan las asociaciones es una realidad que no puede ser obviada desde nuestras organizaciones. Movilizar y concienciar que éste es un problema de Salud que nos atañe a toda la sociedad en nuestro conjunto desde una corresponsabilidad global es algo necesario.

Este viaje, ha sido un viaje dentro de otro viaje. He tenido la oportunidad de encontrar la hondura, esto es, la profundidad, y el sentimiento. Como dice el poeta Celine en “Viaje al final de la noche”: “Nuestro viaje es por entero imaginario. A eso debe su fuerza”. Me acuerdo de la R de trapo que lleva Ricar en su mochila que le regaló una niña de catorce años que sabe que no va a poder salir nunca del centro porque nadie va a ir a recogerla.

Ese sentimiento. Y que nos acune para dormir la misma canción de Mercedes Sosa cantada por madres diferentes en tiempos diferentes. El baño iniciático de todas vestidas en el río en la casa de Javier, el conductor de nuestra furgoneta. Esa furgoneta que era nuestra casa, y nosotras una familia. Carlos y Nelsy facilitando todo. Ese instante arrebatado al tiempo donde siempre suena “Contigo” y celebramos el tiempo compartido, bebiendo una cerveza que se llama “salva vida”. Volveremos.