La abeja (erlea) – es un animal sagrado en muchas culturas, como la tradicional vasca,– y elemento narrativo, en primer lugar está la idea de que son “las garantes de la biodiversidad”.
El cine de autor/a contemporáneo trata de configurarse como un espejo de esas búsquedas y conflictos que cuestionan y exploran lo que somos. Y si hace medio siglo, Víctor Erice retrató en El espíritu de la colmena el viaje transformador de una niña de seis años, Ana, en su descubrimiento del otro en el estrecho mundo rural de la posguerra, la película 20.000 especies de abejas, ópera prima de Estibaliz Urresola Solaguren, explora la disidencia identitaria de una niña trans de ocho años, de nombre Aitor pero que quiere ser Lucía, y su impacto en las distintas generaciones de su estirpe materna en un pequeño pueblo vasco.
Formas y posibilidades tan diversas como las de las 20.000 especies de abejas que con belleza nos trasladan a otras miradas y otras formas de habitar este mundo.
En la colmena, “ cada uno de los individuos tiene una función específica necesaria para la supervivencia del grupo y, sin embargo, la colmena en sí misma es algo más que la suma de los individuos”. El funcionamiento de la colmena permite a la cineasta abordar esta “tensión entre el individuo y el grupo”, esta constante negociación de “esa necesidad de autonomía frente al grupo y de reivindicarnos como individuos últimos”. “Pero formamos parte de ese magma y de una especie de vinculación constelar con todos esos elementos de la familia de la que no nos podemos separar”.
Será porque el editor de la película “20.000 Especies de abejas”, Raúl Barreras es amigo y de Karrantza y Víctor Erice, director de Cerrar los ojos” nació en Karrantza.
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La falta de conocimiento en diversidad sexual por parte de la profesión sanitaria conlleva a una mala o nula atención al paciente que la necesita, aumentando el riesgo en su SALUD física, psicológica y sexual.
La presencia de ideas equivocadas produce discriminación y estigma y una inadecuada atención sanitaria por suposiciones erróneas o dificultad en el acceso a los sistemas de salud.
La eliminación de estas barreras que nos impregnan supone una mejora en la asistencia a personas del colectivo y la mejora de su calidad de vida.
Además, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce que, según los estudios disponibles, las personas LGBTI+ experimentan peores resultados de salud que las heterosexuales.
El colectivo presenta mayores tasas de depresión, ansiedad, consumo de tabaco, abuso de alcohol, drogas mayor tasa de suicidio o ideas de suicidio por estrés crónico, aislamiento social y desconexión de una serie de servicios de salud y apoyo.
El generalizar los consejos sanitarios a la ciudadanía sin pensar en la diversidad disminuye su eficacia. Al poner el foco en riesgos que no existen y obviar otros que sí están. Como ejemplo, el riesgo de embarazo en relación sexual entre dos hombres Cis-género cuando ese riesgo no existe, el consejo de prevención de embarazo en ese caso ha sido en vano, saldrá de la consulta sin una indicación individualizada sobre prácticas sexuales seguras, adecuadas a su práctica sexual.
Y se dará cuenta de la hetero-normatividad de la persona que le atiende. Que genera una distancia y pérdida de confianza que aparecerá cuando quiera consultar algo relacionado con su sexualidad o incluso relaciones socio-familiares en un futuro.
Escribía Marco Aurelio en sus Meditaciones que «lo que no es útil para la colmena, no es útil para la abeja».
Toca ya desencorsetar esas celdillas rígidas del panal para que cada cual vuele y polinice como quiera.
RESPETAR Y NO JUZGAR para una atención de calidad.
El arte el cine y la ciudadanía, nos abren camino para el cambio de miradas. Y están por delante del Sistema Sanitario aprovechemos esta circunstancias y adaptémonos.
Una mirada ARCOIRIS del grupo de Género y Salud para la OSI
ESKERRIK ASKO



