Hace unos días una compañera me decía “lo dejo, tengo que organizarme y empezar a decir que NO”.
Y decía que NO a una actividad voluntaria de participación en un equipo de trabajo de mujeres.
Y durante los años que hemos compartido grupo, sólo ha dicho que NO a los planes de ocio y a alguna actividad con desplazamiento. A veces nos vemos en nuestro centro de trabajo. Y también hemos coincidido en las pocas reuniones presenciales del grupo, participativa e implicada, cumpliendo con las responsabilidades que le tocaban, y algunas extras a las que se ofrecía. Comentando muchas veces el problema del tiempo, los cuidados, la familia, las criaturas…
Resulta que, las mujeres, en esto del tiempo también vamos con desventaja. Al igual que en otras facetas, ocupar puestos de poder, brecha salarial, condiciones laborales, etc., llevamos las de perder.
Y no es sólo una percepción de nuestra experiencia, sino que existen datos muy potentes que lo demuestran.
Por poner dos ejemplos de contextos diferentes, a nivel local con la Encuesta de Salud de la Comunidad Autónoma Vasca de 2023 (ESCAV 2023) y a nivel europeo con el documento “ Gender Equality Index 2024. Sustaining momentum on a fragile path” publicado por EIGE (European Institute for Gender Equality).
Los datos de la ESCAV 2023 respecto a las horas semanales dedicadas a trabajo doméstico y cuidados, según sexo y clase social, nos dibujan una gráfica muy descriptiva (imagen 1). Las mujeres emplean más tiempo que los hombres (esto ya lo sabíamos). Las de clase social más desfavorecida invierten más horas, y las de mayor clase social menos horas, probablemente porque contratan a otras mujeres para realizarlas. Llama la atención, en el caso de los hombres, que su baja participación en lo doméstico no varía según la clase social y en la gráfica es una línea casi recta, rondando las 8 horas semanales. Es decir, para ellos, es más determinante el género que el nivel económico.
EIGE nos muestra el índice de igualdad a nivel europeo 71 % (el 100% representa la igualdad), que se basa en la medición de las desigualdades en distintos ámbitos (trabajo, poder, dinero, conocimiento, tiempo y salud). Por supuesto en todos esos ámbitos existe un gap desfavorable para las mujeres, y el tiempo es el tercero que peor puntúa: 68,5%. Se analiza el tiempo dedicado al cuidado y a actividades sociales. En la imagen 2 vemos una tabla del documento de EIGE, sobre el porcentaje de mujeres y hombres que realizan actividades de ocio, según diferentes variables, como el tipo de familia, edad, etc. En todas las categorías la cifra de mujeres es inferior. Se muestran datos de 2017 y 2024, comparando su variación en la última columna, en color rojo todas las categorías en que la brecha ha empeorado. Mayoría de puntos rojos. A destacar el aumento del gap en la segunda fila (familias monoparentales) y en la novena (bajo nivel educativo).
¿Qué ocurre con el tiempo de las mujeres? Los datos dicen que el uso del tiempo es diferente entre ambos sexos. La incorporación masiva de la mujer al trabajo remunerado, no se ha acompañado de una incorporación similar del hombre al ámbito doméstico. Este tema requiere un análisis más amplio y no se admite la simpleza de que somos culpables de “nuestra elección”.
Es necesario un cambio de paradigma. Una revisión del contrato social con perspectiva de género.
Actualmente, las condiciones laborales que permiten conciliar vida profesional y personal, las solicitan mayoritariamente las mujeres, siendo el reflejo del reparto desigual de las tareas en la sociedad. Osakidetza, desde su dimensión de empresa, tiene la oportunidad de fomentar la conciliación corresponsable entre sus profesionales, difundir el concepto y articular medidas para impulsarla.

Equipo Género y Salud



