Las mujeres han sido excluidas de la ciencia durante 2000 años de forma sistemática.

Invisibles como científicas, quienes históricamente consiguieron éxito en la investigación, fueron mujeres excepcionales y sobresalientes. Trabajaron contra corriente y, en algunos casos, sus compañeros varones les arrebataron  los méritos.

Invisibles en los estudios de la ciencia androcentrista, como escribió Charlotte Perkins Gilman, en su obra The Man-Made World or Our Androcentric Culture (1911). «Lo que solemos llamar ‘naturaleza humana’… es en gran parte solo naturaleza masculina… Nuestra cultura androcéntrica ha sido, y sigue siendo, una cultura excesivamente masculina y, como tal, objetable».  

Ha sido necesario el feminismo, y la acción de las mujeres, para cuestionar el modelo existente y para exigir participar como iguales. Desde hace décadas, las mujeres han conseguido acceder al sistema educativo y, actualmente, son mayoría quienes finalizan los grados universitarios, el 58% eran mujeres en el curso 2022/23, en la CAV. La cuestión es por qué su presencia en la carrera científica es menos relevante que la de los hombres.

La conocida “gráfica de tijera” muestra como, partiendo de una ligera superioridad tras finalizar el grado universitario, se pierden mujeres por el camino según aumenta el nivel profesional, en la etapa Predoctoral la mayoría son mujeres (51,3%) pero sólo representan el 26% en la categoría superior de Profesorado de Investigación (PI). Son datos del CSIC en su Informe Mujeres Investigadoras 2024.   

El modelo de la tubería con fugas es muy gráfico y hace entender cómo las mujeres son expulsadas a medida que aumenta el nivel profesional. Como ejemplo, según datos del CSIC, en el Predoctorado de Biología y Biomedicina el 61,9%  son mujeres, pero son solo el 25,4% del PI. Aunque aumenten las mujeres en el caudal inicial de la tubería, tendrá poco peso  en las cifras de los niveles superiores, hay una clara fuga de talento.

Durante la trayectoria profesional de cualquier persona hay múltiples obstáculos, pero hay un buen número que afectan a las mujeres, por el único hecho de serlo.

La apuesta por la carrera profesional conlleva decisiones en la vida personal, pero no afecta de la misma forma a mujeres y hombres. El tiempo empleado en trabajo doméstico y cuidados, según la ESCAV 2023,  es mayor en las mujeres, en todas las franjas de edad, clase social o nivel de estudios. Y son las que se acogen mayoritariamente a las reducciones de jornada y, evidentemente, no tienen la misma disponibilidad para actividades que exceden el horario laboral estable, como ocurre en el ámbito de la investigación y la producción científica. Y sin esta disponibilidad, la promoción es muy difícil frente a quien tiene más tiempo para estudiar, publicar o acudir a congresos. Así que en esa competencia por el tiempo para dedicar al ámbito profesional, pierden las mujeres.

Pierden también a nivel económico, pues la brecha salarial, con sus múltiples derivadas, se va ampliando paralelamente a la vida laboral, y les acompaña hasta la jubilación.

La diferencia en estos factores, el tiempo y el dinero, se potencia con otros condicionantes,  los sesgos de selección y de valoración, la distribución de tareas, etc. Todos, a su vez, forman la argamasa que perpetúa la desigualdad.

Centrarse en las decisiones que van tomando las mujeres en su desarrollo profesional coloca la responsabilidad de la igualdad de género en ellas y eso es injusto, frustrante y demasiado simplista. Por lo tanto, en lugar de tratar de arreglar a las mujeres, que, por otro lado, nunca han estado rotas, habría que dejar de perpetuar estereotipos dañinos para las mujeres y crear, hombres incluidos, una cultura de trabajo de apoyo para que las mujeres prosperen en su carrera profesional, científica o no”. Marta Bueno Saz (licenciada en Física y Graduada en Pedagogía por la Universidad de Salamanca. Investigadora en neurociencias)

Equipo Días Señalados. Comisión Igualdad OSI EEC

Noticia anteriorPromoción y prevención de la salud en Kabiezes
Noticia siguienteEl Hospital se suma al Día Internacional del Cáncer Infantil