Una voluntaria en el momento de recibir la vacuna contra la covid-19 desarrollada por el laboratorio alemán CureVac, dentro de los ensayos en el hospital vizcaíno de Biocruces, es el primer millar de personas que necesitaba. En este ensayo participarán 30.000 personas de todo el mundo, de las que hasta 2.000 podrían ser vascos mayores de 18 años. EFE/LUIS TEJIDO

El lunes, ocho de febrero, Biocruces Bizkaia inició el Ensayo Clínico Internacional que probará la efectividad y seguridad de la vacuna contra el COVID-19, promovida por la Farmacéutica alemana CureVac.

La vacuna será probada en Biocruces Bizkaia, Biodonostia y otro centro de la Comunidad de Madrid; a nivel europeo participan Holanda, Bélgica y Alemania; por lo tanto, un hito que Euskadi esté presente en un ensayo clínico con el rigor y la relevancia que tiene este proceso.

El ensayo requiere dos dosis administradas con 29 días de margen. Los pacientes voluntarios acuden a una primera visita en la cual se verifica que pueden participar en el ensayo y, una vez verificado, se les aleatoriza y se les pone la medicación que les corresponda (los participantes voluntarios serán distribuidos de forma aleatoria, en el grupo que recibe la vacuna o en un grupo control que recibe un placebo, es decir, un compuesto [suero salino] que no tiene ningún efecto. Ni el participante ni los profesionales encargados de la recogida de datos y el seguimiento conocerán el grupo al que pertenece cada sujeto). Después de la segunda dosis hay una serie de visitas durante 13 meses, de forma que tienen que acudir a siete visitas al Instituto para hacer el control y seguimiento.

Eunate Arana, Coordinadora científica de proyectos del Instituto e Investigadora principal del Estudio CureVac, explicó que la vacuna está en la última fase de la investigación y los resultados son muy satisfactorios.

En Biocruces Bizkaia se incluirán en el ensayo 50 voluntarios al día, durante un mes seguido, con la previsión de mil voluntarios.