El Día Internacional de Acción para la Salud de las Mujeres fue proclamado el 28 de mayo de 1987 durante la V Reunión Internacional de Salud de las Mujeres celebrada en Costa Rica. Su objetivo era concienciar sobre los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres y conseguir la mejora de su salud integral. 

Osakidetza impulsa la difusión de esta fecha en su estrategia de Igualdad, recordando la necesidad de la perspectiva de género en salud.

Las diferencias de salud entre mujeres y hombres son conocidas, y están ampliamente documentadas. Se deben por un lado a las características biológicas, determinadas por el sexo, y por otro lado al género, construcción social y cultural que define los roles, comportamientos, actividades y atributos que una sociedad considera apropiados para hombres y mujeres. Estas características, sexo/género, junto a otros condicionantes medioambientales y socioeconómicos, conforman los determinantes de salud que son los factores que influyen en el nivel de salud de las personas.

El peso del sexo/género en los determinantes de salud, reconocido oficialmente en la actualidad, ha sido ignorado durante siglos y no es hasta hace 50 años, cuando los cuestionamientos del feminismo transforman también este ámbito. En las décadas posteriores, las instituciones comienzan a incluir la perspectiva de género en las estrategias políticas y en la normativa.

En Euskadi la Ley 4/2005, de 18 de febrero, para la Igualdad de Mujeres y Hombres fue el primer texto en este sentido, y en él se apoyan los Planes de Igualdad de la CAE y todas las disposiciones institucionales, incluidas las del ámbito sanitario.

Pero, a pesar de estos avances legislativos, el análisis de la realidad nos muestra la persistencia de desigualdad de género. La Encuesta de Salud de la CAPV (ESCAV) es la principal fuente de información para valorar la equidad en salud, se realiza cada cinco años, la última es de 2023, y analiza los datos por edad y sexo, y en relación con nivel de estudios y nivel económico. Las mujeres, a pesar de tener mayor esperanza de vida, viven con peor calidad en salud en todos los grupos de edad, y la diferencia con los hombres se acentúa a medida que aumenta la edad o cuando se desciende en la escala social o en el nivel de estudios. En salud mental hay un empeoramiento en las mujeres respecto a la encuesta de 2018, aumentado la brecha con los hombres. En cuidados y precariedad laboral, también puntúan peor las mujeres.

Todos estos factores interaccionan y perpetúan las inequidades en salud, que la OMS define como diferencias injustas, innecesarias y evitables en el estado de salud, la distribución de recursos y el acceso a servicios entre grupos poblacionales.

Sirva este día para reflexionar sobre la necesidad de la perspectiva de género como una condición profesional, por una asistencia de calidad, comprometida con la equidad en salud.

Equipo Género y Salud

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